El discurso de Vladimir Putin del lunes, en el que anunció el reconocimiento por parte de Rusia de la independencia de las dos repúblicas separatistas del este de Ucraniase centró en la cuestión que Moscú ha presentado durante años como su principal preocupación en materia de seguridad: la extensión de la OTAN hacia el este.

Desde la caída del muro de Berlín, en 1989, y la desaparición de la URSS, en 1991, la OTAN se ha expandido para incluir a muchos antiguos países comunistas de Europa del este, a pesar de la desaprobación de Moscú. Esta extensión hacia las fronteras de Rusia ha contribuido a aumentar las tensiones entre occidente y el Kremlin, una tensión especialmente palpable desde el cambio de poder en Ucrania en 2014 y que ha crecido en las últimas semanas y días.

Tanto el equipo de Petró Poroshenko (presidente del 2014 al 2019) como, después, el de Volodímir Zelenski (elegido en el 2019 y cuyo mandato termina en el 2024) han manifestado su deseo de incorporar a Ucrania a la alianza. Aunque la organización no ha aceptado hasta ahora la candidatura de Kiev, las relaciones OTAN-Ucrania se han intensificado estos últimos años.

En el toma y daca entre Moscú, por un lado, y Kiev y occidente, por otro, la parte rusa exige especialmente que la OTAN se comprometa a no aceptar nunca la incorporación de Ucrania. ¿Es posible esta perspectiva?

Preocupaciones mutuas

En la actualidad, occidente, y especialmente Estados Unidos, cree que Ucrania se encuentra bajo la amenaza de una invasión rusa, una percepción que se basa sobre todo en la observación del despliegue de decenas de miles de soldados rusos en las fronteras de Ucrania y en las maniobras militares hechas en estas regiones y en Crimea.

Rusia, por su parte, niega cualquier voluntad de invasión y asegura que, por el contrarioes amenazadaen particular para que los aliados occidentales de Ucrania le proporcionan armamento cada vez más sofisticado y despliegan miles de soldados adicionales en la Europa del Este.

Las propuestas rusas

Para tranquilizar a occidente, Rusia ha propuesto tratados en Estados Unidos y en la OTAN que prevén la renuncia a la ampliación al este y el regreso a la situación de seguridad derivada del fin de la guerra fría. Moscú señala que, a cambio de la disolución del Pacto de Varsovia, occidente había prometido verbalmente a Mijaíl Gorbachov que no ampliaría la OTAN a los “países del bloque oriental”, como se llamaban antes, salvo en Alemania reunificada.

Documentos desclasificados de EE.UU., soviéticos, alemanes, británicos y franceses publicados por el Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad de George Washington testimonian la garantía que dio el secretario de estado estadounidense de entonces, James Baker, al jefe soviético durante la reunión del 9 de febrero de 1990: sobre la expansión de la OTAN, Baker había anunciado que la Alianza no avanzaría «ni una pulgada hacia el este». Pero esa promesa no se cumplió.

Rusia tells US that it wants NATO to go back to pre 1997 position and they want legally binding security guarantees on NATO expansión towards Este a they also want the elimination of infrastructure of rapid deployment of Nuclear weapons in Europe#UkraineConflict #NATO #Rusia pic.twitter.com/TzkpDByQrF

— Wasif (@wsf11_) February 17, 2022

Los rusos se hacen insistentemente esta pregunta: ¿por qué no se disolvió la OTAN a la par que el Pacto de Varsovia? La OTAN se había creado para contrarrestar a la URSS, que ya no existe.

Desde el punto de vista de Moscú, la OTAN ha avanzado quinientos kilómetros hacia el este; y por eso los rusos consideran que han sido traicionados y despreciados durante treinta años.

Un equilibrio de poder político y militar

A ojos de los rusos, los occidentales han aprovechado su debilidad para acercarse peligrosamente a sus fronteras. Este progreso de la OTAN, sin duda, no habría sido posible si Rusia se hubiera encontrado en una posición de fuerza. Por tanto, para Moscú, la causa es clara: los occidentales respetarán a los rusos sólo si muestran su fuerza.

Esto explica el reciente despliegue de soldados rusos en las fronteras de Ucrania, cuyo objetivo parece sobre todo político: empujar a la parte contraria a negociar. Por el momento, a pesar del aumento de las tensiones y de su discurso, Rusia insiste en que no se plantea en serio de invadir Ucraniatal y como ha dicho el embajador ruso frente a la ONU.

La pesadilla de Vladimir Putin es ver su frontera occidental completamente bloqueada por una OTAN que se habría expandido en Ucrania. Desde su punto de vista, en una situación así, la existencia misma de Rusia se vería amenazada. Durante la conferencia de prensa del 7 de febrerodespués de haberse reunido con Emmanuel Macron, el presidente ruso va contar su visión de las cosas: “La OTAN está lejos de ser una organización pacífica; no es una organización política, sino militar, mire lo que ha hecho desde la caída de la URSS en 1991, en Yugoslavia, en Irak, en Siria, en Libia… sin respetar el derecho internacional, sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU!”

Y acto seguido, añadió: “Si Ucrania se une a la OTAN, atacará a Crimea, que forma parte de la Federación Rusa. […] ¿Quiere que haga la guerra contra la OTAN? ¡Claro que no! […] Por este motivo anunciamos nuestras propuestas para un proceso de negociación.”

Por eso, Moscú exige que la OTAN cese toda actividad militar en Europa del Este, incluyendo Ucrania, Cáucaso y Asia Central, que no despliegue misiles de medio o corto alcance cerca del territorio ruso, que no realice ejercicios militares que impliquen a más de una brigada militar en una zona frontera acordada y que firme un acuerdo por el que ni Rusia ni Estados Unidos puedan desplegar armas nucleares fuera de sus territorios nacionales. El principal objetivo anunciado por los rusos es que Estados Unidos vuelva a la mesa de negociaciones.

Ucrania como límite máximo

Rusia quiere volver a la situación que imperaba en Europa en 1997, antes de las sucesivas ampliaciones de la OTAN en catorce antiguos países del este (1999-2020). Esto no presupone la anulación de la adhesión a la Alianza de estos países, sino que exige detener la ampliación de esta estructura cerca de las fronteras rusas, y abandonar la llamada política de «puertas abiertas».

Para justificar estas demandas, los rusos se remiten al Documento de Estambul de 1999 y la Declaración de Astana de 2010, dos documentos de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa) elaborados en base a los acuerdos de Helsinki firmados en 1975. Estos textos estipulan que cada país tiene derecho a elegir alianzas y pactar acuerdos con quien quiera, pero que los estados “no reforzarán su seguridad a costa de la de los demás”.

Rusia, que considera precisamente que los países que se unieron a la OTAN tras el fin de la guerra fría han reforzado la seguridad de la organización en detrimento de la propia, argumenta sus peticiones de la siguiente manera: “Ha instalado los lanzadores de misiles Tomahawk hasta nuestras fronteras. ¡No toleraremos más esta situación, porque el tiempo de vuelo de estos misiles hacia Rusia, desde Ucrania o los estados bálticos, se estima en 7-10 minutos, o incluso 5 minutos para los sistemas hipersónicos!”

Este enfrentamiento llega en un contexto en el que, según Rusia, la retirada de Estados Unidos, en 2019, del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alto Intermedio (INF)que prohíbe el despliegue de misiles terrestres con un máximo alcance de 5500 kilómetros, puede desencadenar una carrera de armamentos nucleares.

Sólo una vía: la negociación

A pesar de los temores actuales, hay motivos para creer en una resolución pacífica, porque el propio Vladímir Putin señaló hace unos días: “Debemos encontrar la forma de garantizar los intereses y la seguridad de todos los participantes en este proceso: Ucrania, países europeos y Rusia… Espero que al final encontramos esta solución, aunque no sea fácil. No lo es, ya sabemos eso.”

Los rusos y los estadounidenses se pondrán de acuerdo en determinados temas; cada una de las dos partes tratará de salvar la cara. Sin duda, es por este motivo que los estadounidenses pidieron a los rusos que no hicieran pública su respuestaal igual que no habían hecho públicos sus intercambios con Moscú durante la crisis de los misiles cubanos en 1962. Al final, debemos esperar que el camino de la diplomacia triunfará.

Evguénia Madelaine es una investigadora especializada en geopolítica y lenguas eslavas de la Universidad Litoral Costa de Opal del Instituto Católico de Lille (ICL). Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.

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