Hasta el mes pasado, el éxito deHong Kong a la hora de mantener a raya la pandemia había sido incontestable: en los más de dos años desde el primer caso de cóvid-19, Hong Kong había registrado unos 34.000 casos y poco más de 200 muertes, unas cifras prácticamente sin comparación, o incluso tratándose de una ciudad de casi 7,5 millones de habitantes. Pero la variante ómicron, que ha llegado tardíamente, ha cambiado completamente estas cifras: los casos totales se han disparado a 715.000, de los cuales más de medio millón en las últimas dos semanas. Sin embargo, todavía es más preocupante el hecho de que la tasa de mortalidad en la ciudad supera con creces la de cualquier otro lugar del mundo, con casi 4.000 defunciones desde finales de febrero. ¿Qué explica este estallido repentino de la mortalidad en una ciudad que, hasta ahora, había seguido punto por punto la política de código cero?

Un caso excepcional, pero no único

En materia de incidencia, el caso de Hong Kong es excepcional, pero no único. La gran mayoría de casos de ómicron en el mundo se registraron en enero, pero en el sudeste asiático y en Oceanía llegó más tarde, entre finales de febrero y principios de marzo. Estas últimas semanas, pues, los casos han aumentado exponencialmente en países como Corea del Sur, Nueva Zelanda o bien Singapur, una ciudad-estado con unas condiciones demográficas similares a las de Hong Kong. Las defunciones, sin embargo, no han subido significativamente en ninguno de estos casos: la tasa de mortalidad es del 0,2% en Corea del Sur, y del 0,1% en Nueva Zelanda y Singapur, que ha registrado más de 600.000 casos pero tan sólo 244 muertes del primero de febrero. En Hong Kong, en cambio, la mortalidad es del 5,2%: si en Nueva Zelanda y Singapur se muere un positivo de cada milen Hong Kong mueren cinco de cada cien, o cincuenta de cada mil.

La comparación es aún más desconcertante porque, al contrario de Hong Kong, estos tres países han abandonado hace poco la llamada política de código cerouna estrategia de gestión pandémica que pretende erradicaren lugar de contener, la covid-19, con medidas muy restrictivas: el pasado agosto, por ejemplo, las autoridades neozelandesas van confinar durante una semana la ciudad más grande del país, Aucklanddespués de detectar un solo caso.

Pero en Hong Kong esta estrategia sigue plenamente vigente. La política de código cero sigue siendo la piedra angular de la respuesta china a la pandemia, y el gobierno de la región administrativa especial de Hong Kong, deseoso de hacer gala de sus vínculos con Pekín, no ha dudado en seguir su huella. Pero, paradójicamente, hoy ninguno de los vecinos regionales de Hong Kong o de China, que se afana por contener un brote desbocado en la ciudad de Shenzhenno registra cifras de defunciones comparables, a pesar de tener en vigor menos restricciones, considerablemente.

La vacunación a la población vulnerable, el factor diferencial

Los expertos coinciden en señalar que el factor diferencial que explica la alta mortalidad en Hong Kong, en comparación con los demás países que han registrado oleadas similares recientemente, es la tasa de vacunación de la población vulnerablesobre todo la personas mayores. Solo el 23,72% de los mayores de ochenta años han recibido dos o más dosis; y el 65,77% ni siquiera ha recibido ni una sola dosis. En cuanto a la franja de 70 años a 79, poco más de la mitad ha recibido dos dosis o más, y el 36,89% no ha recibido ninguna. Son cifras especialmente sorprendentes, porque la tasa de vacunación de las capas de población más jóvenes de la ciudad es comparativamente muy elevada: el 87,55% de los ciudadanos de 40 años a 49 y el 82,41% de quienes tienen entre 50 y 59, por ejemplo, ha recibido dos o más dosis.

Estas cifras contrastan notablemente con las de países con brotes similares, siendo el principal factor que, según los expertos, explica la excepcionalidad de Hong Kong. En Singapurel porcentaje de mayores de 80 años que han recibido dos o más dosis es del 93%ya Nueva Zelanda del 96,63%. No hay datos de vacunación por franjas en Corea del Sur, pero el hecho de que casi el 87% de la población haya recibido la vacunación completa parece indicar que la tasa a la gente vulnerable es alta.

Las bajas cifras de vacunación en Hong Kong ilustran una debilidad paradójica de la política cóvido cero: precisamente porque la ciudad había contenido hasta ahora la cóvida-19 con tanta eficacia, la urgencia de la gente mayor a la hora de vacunarse ha sido menor que en otros países que han controlado peor la pandemia. La tibieza del gobierno hongkonés a la hora de impulsar la campaña de vacunación en residencias y la política de instar a los inmunodeprimidos a buscar consejo médico antes de vacunarse también ayudan a explicar las bajas cifras de cobertura entre los mayores.

Para envolver aún más la madeja, un tercio de los mayores de setenta años que han recibido la pauta completa en Hong Kong se han inoculado con la vacuna china, Sinovacque según varios estudios ofrece una protección contra el ómicron mucho menor que no las vacunas de Pfizer o Moderna.

En materia de respuesta a la pandemia, Hong Kong ha sido siempre una excepción. Durante los primeros dos años de la Covid-19, la ciudad había sido noticia por la destreza de sus autoridades a la hora de evitar el esparcimiento del virus. Ahora lo es precisamente por el motivo opuesto, pero sus particularidades en cuanto a la vacunación de los inmunodeprimidos, sobre todo en lo que se refiere a las personas mayores, parecen sugerir que Hong Kong es y seguirá siendo un caso aparteal menos mientras no aparezca una nueva variante.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here