El semanario The New Yorker publica hoy en portada un extenso reportaje titulado “Cómo las democracias espían a sus ciudadanos“, centrado en los usos realizados por varios estados del software israelí Pegasus. Según este reportaje tres presidentes de la Generalitat, incluido el actual, Pere Aragonès, han sido espiados con Pegasus. El reportaje recuerda que el presidente Puigdemont es miembro del comité del Parlamento Europeo que investiga a Pegasus, que se reunirá por primera vez justo mañana.

El reportaje comienza explicando cómo fue infectado el teléfono del eurodiputado de Esquerra Republicana Jordi Solé, unas semanas antes de que sustituyera a Oriol Junqueras como miembro del Parlamento Europeo, en junio del 2020. Entonces, ya partir de las investigaciones del Citizen Lab de Toronto, la revista explica que más de sesenta políticos y activistas independentistas han sido espiados con Pegasus y que esto representa el mayor grupo de personas de las que se tiene conocimiento que han sufrido una intromisión como ésta. Tanto los políticos catalanes como Citizen Lab están convencidos de que el espionaje ha sido obra del gobierno español. Pegasus es un software que sólo se vende a gobiernos.

En el mismo artículo se explica también que el abogado Gonzalo Boye ha sido objeto de espionaje y que prepara una querella internacional en nombre de diecinueve de las personas espiadas ilegalmente.

El precedente del caso Torrent

La primera vez que se tuvo conocimiento del uso de Pegasus contra dirigentes independentistas catalanes fue en el verano de 2020, cuando una investigación de Citizen Lab publicada por The Guardian y El País reveló que Roger Torrent fue espiado entre abril y en mayo de 2019, cuando era presidente del Parlament de Catalunya. Fue una de las víctimas de intromisión en su teléfono móvil por una vulnerabilidad de WhatsApp que el software espía aprovechó para acceder al contenido de miles de dispositivos en todo el mundo. Según la misma investigación, también fueron intervenidos los móviles del dirigente de ERC en el Ayuntamiento de Barcelona Ernest Maragall; de la ex-diputada de la CUP exiliada en Suiza, Anna Gabriel; del activista del ANC Jordi Domingo y del director técnico del Consell por la República Sergi Miquel Gutiérrez.

Miquel puso los hechos en conocimiento de la fiscalía belga, y Torrent y Maragall presentaron una querella en el juzgado número 32 de Barcelona contra el ex director del CNI Félix Sanz Roldán, como máximo responsable de los servicios secretos españoles durante el 2019, cuando sus móviles fueron intervenidos. La querella, admitida a trámite, iba dirigida también contra los responsables de la empresa NSO.

Por ahora no hay ninguna prueba concluyente sobre quien hizo uso de Pegasus contra los independentistas catalanes. NSO siempre ha dejado claro que sólo vende este software a agencias estatales o gubernamentales, en ningún caso a usuarios privados. De modo que todas las miradas se dirigieron a España, y concretamente a los servicios secretos. Pero la entonces ministra de Defensa (de la que depende el CNI), Margarita Robles, negó que tuvieran nada que ver. Torrent revelaba en su libro Pegasus (Ara Llibres, 2021) una conversación telefónica con Robles, en la que ésta le dijo: “Hasta donde yo sé, no fue el CNI”.

Y eso a pesar de que la revista Vice publicó el testimonio anónimo de un ex-trabajador de NSO, según el cual España había sido uno de los clientes de la compañía, y concretamente sus servicios centrales de inteligencia. Y añadía que España había sido su primer cliente europeo. Los servicios de inteligencia son uno de los organismos gubernamentales que en otros estados han contratado el servicio de Pegasus, pero también pueden hacerlo servicios policiales o la fiscalía. En el caso de España, a raíz del caso de Roger Torrent, el ministerio del Interior, como responsable de la policía española y de la Guardia Civil, también negó haber tenido nada que ver.

Miles de afectados en todo el mundo

Con la persecución contra el independentismo, España entraba en la larga lista de estados que han sido clientes de NSO y que han utilizado Pegasus para espiar activistas por los derechos humanos, políticos opositores, periodistas, empresarios, diplomáticos, dirigentes sindicales … Hay miles de afectados en decenas de países de todo el mundo. Uno de los países con más números de teléfono afectados en la lista de 50.000 números que reveló el pasado verano el consorcio de medios Forbidden Stories, es México, con más de 15.000 números de periodistas, políticos, dirigentes sindicales y más críticos con el gobierno . También hay un gran número en el Levante, incluyendo Qatar, Emiratos Árabes, Bahréin y Yemen. Se han encontrado muchos números de periodistas de la India, como el de Siddarth Varadarajan, fundador del diario The Wire, uno de los medios que ha publicado la información, y de otros periodistas de varios países, como Szabolcs Panyi, periodista de investigación húngaro también publicó la filtración.

Además, The Guardian ha publicado que el gobierno de Viktor Orbán en Hungría utilizó la herramienta para apuntar como objetivos abogados, opositores políticos y periodistas. En declaraciones a The Guardian, el gobierno húngaro ha negado cualquier espionaje, pero el análisis del teléfono de Panyi ha mostrado que tuvo el teléfono infectado unas cuantas veces durante siete meses de 2019, a menudo poco después de haber pedido declaraciones a autoridades del gobierno húngaro.

Los análisis de Amnistía Internacional también han encontrado pruebas de que se instaló el software Pegasus en los teléfonos móviles de la esposa y la novia del periodista de The Washington Post Jamal Khaixoggi, asesinado en el interior del consulado saudí en Estambul octubre de 2018 por un comando que había viajado expresamente desde Arabia Saudita, supuestamente con la intención de convencerle de volver al país, porque vivía exiliado en Estados Unidos.

El funcionamiento del software ‘malicioso’

El programa, llamado ‘malicioso’, solo lo pueden comprar gobiernos estatales o fuerzas de seguridad. Aprovechando vulnerabilidades en los sistemas de seguridad del teléfono, se introduce para espiar todo su contenido. Puede hacerlo gracias a una llamada que ni siquiera debe ser respuesta –a veces ni se llega a recibir–, con un enlace enviado por SMS, con un correo electrónico o con mecanismos similares. Lo habitual es enviar al objetivo un mensaje enmascarado para persuadirle de confiar en él y que clique en el enlace que le han enviado.

Una vez dentro del dispositivo, Pegasus tiene capacidad no sólo de acceder a la aplicación mediante la cual se activa, sino también de activar secretamente el micrófono y la cámara del dispositivo, o de acceder a los archivos y además aplicaciones y redes sociales. Cuando ha comenzado el proceso de espionaje, el servidor va enviando a los clientes la recopilación de información.

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