Los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín han comenzado hoy con un gesto inesperado, ya que uno de los últimos portadores de la antorcha de la ceremonia de apertura ha sido el esquiador de fondo uigur Dinigeer Yilamujiang.

Algunos estados hacen un boicot diplomático a esta competición, impulsado a raíz de las escandalosas violaciones de los derechos humanos de la minoría uigur y la salvaje represión en la sociedad civil china, particularmente en Hong Kong. Teniendo en cuenta las múltiples denuncias sobre el trato a los uigures, una minoría étnica mayoritariamente musulmana en la región occidental de Xinjiang, es difícil no ver un simbolismo en esta actuación con la voluntad de blanquear el régimen chino.

El encendido del caldero olímpico es una pieza central de las ceremonias de apertura olímpica y marca el comienzo de los Juegos Olímpicos. Se considera un gran honor ser el último atleta en llevar la llama.

Pekín, con una puesta en escena dirigida por el cineasta Zhang Yimou, ha celebrado que es la primera ciudad que organiza los juegos de invierno y verano, catorce años después, con un canto a los sentidos en los que la luz, el baile y la lucha contra la pandemia han sido los protagonistas.

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