TERRAMAR

ÁNGEL NIETO, LA DEUDA IMPAGADA

Por Keko Romero
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Para qué nos vamos a engañar, jamás vi una carrera en directo de Ángel Nieto ni en vivo ni en TV, ni siquiera sé si en su época el Mundial de Motociclismo se retransmitía, pero vamos, no viene al caso. Hay personas cuyo paso a la posteridad deja importantes deudas a la sociedad, deudas que si bien no pueden ser pagadas, la propia memoria y trascendencia terminan por equilibrar. En el caso del 12+1 creo que serán muy difíciles de satisfacer, sobre todo, porque se ha ido inesperadamente. Nieto se suma a la triste nómina de pérdidas que viene sufriendo desde hace unos años la familia del Motociclismo: Luis Salom, Marco Simoncelli o Shoya Tomizawa. Aquello que tanto amaba le terminó por quitar la vida, aunque fuera de los circuitos, tal y como le pasó hace unos años al tristemente recordado Norifumi Abe o al ex Fórmula 1 Andrea de Cesaris.

Tengo la sensación de que Nieto se ha ido un poco de vacío, indudablemente como un héroe de la afición y de la sociedad, pero sin el reconocimiento que un personaje de su talla merecía. Hace unos años, por estas mismas fechas, quien les escribe estas líneas realizada sus prácticas en el señero Diario de Cádiz, y llegaba el teletipo que anunciaba la concesión del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes a Fernando Alonso. Dicho anuncio se realizaba cuando aún no había finalizado el Mundial 2005, aquel que le dio su primer título, aunque el asturiano recogió su galardón en el Teatro Campoamor meses más tarde ya como flamante campeón. Me daba la sensación de que ese homenaje llegaba muy pronto y algunos de los compañeros de redacción de aquel momento coincidieron conmigo. Y de entre los posibles candidatos al Premio Príncipe de Asturias que surgieron en una rápida conversación Ángel Nieto fue el primero de los nombres.

Todos estos años ha habido campañas para proponerlo pero sin éxito. Ahora, una vez que lo hemos perdido, al gran pionero del deporte del motor en España, al que abrió el camino para esa fabulosa generación de gente como el propio Alonso, Marc Márquez, Jorge Lorenzo, Laia Sanz, Carlos Sáinz padre e hijo, Isidre Esteve, Álex Crivillé, Sito Pons, Antonio Albacete y un larguísimo etcétera, ahora, es cuando se le propone el Príncipe de Asturias a título póstumo. Me uno a la indignación expresada por otro de nuestros grandes, otro cuasi pionero como Ángel Nieto, Jorge Martínez Aspar, y creo que no viene a cuento dar al Maestro ahora a título póstumo el Príncipe de Asturias. Tomen nota, los homenajes, mejor en vida. Del mismo modo, no secundo la propuesta de dar el nombre de Ángel Nieto al Circuito de Jerez, pues nunca, nunca corrió allí, como mucho, al Jarama.

En España somos muy dados a la normalidad y al esnobismo. Desde la época de Ángel Nieto hemos tenido pilotos ganadores y campeones de Motociclismo: Tormo, Herreros, Aspar, Pons, Crivillé, Puig… Y el Príncipe de Asturias para Alonso. Toma del frasco. Demostrado, reconocemos de golpe y porrazo una categoría deportiva hasta entonces minoritaria, pero claro, los españoles ganan “de siempre” en las motos, y eso no nos llama la atención. Motociclismo, ese deporte en el que los españoles llevan décadas brillando pero parece ser que es el pariente pobre de los deportes en España. Es lo que tiene malacostumbrarse a algo.

Gracias Ángel Nieto. Sólo te vi correr en el Youtube, pero gracias a ti, a tu destacado papel siempre en las retransmisiones del Mundial fui cada vez amando más las motos. Tus sabías explicaciones se intercalaban con tus simpáticos aspavientos cuando veías un adelantamiento arriesgado de Valentino Rossi, de Jorge Lorenzo, de Marc Márquez. Verte paseando por el Paddock del Circuito de Jerez con tu pequeña moto eléctrica era un placer, por tu simpatía, tu accesibilidad, siempre dispuesto a dar la mano, hacerte una foto, firmar un autógrafo.

Se nos va un héroe de otro tiempo, de la época en la que los pilotos eran tipos duros y canallas, de cuando al terminar las carreras había que ir a comentar la jugada con una cerveza en la mano junto a Phil Read, Mike Hailwood, Barry Sheen o Giacomo Agostini. Todo muy lejos de esos deportistas de élite con cara de niños inverbes que tenemos hoy, un personaje de tiempos más románticos y caballerescos.

Parafraseando al gran Mela Chércoles: Uves y Ráfagas allá donde estés, maestro, campeón, 12+1.

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