Se despidió a un minero, a un azulillo, pero no a uno más de ellos

​Más de 4.000 personas quisieron acompañaran a la familia y amigos de Fran Carles en el último adiós al futbolista
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Chico 1

No hizo falta que hubieses conocido a Fran Carles, si estuviste ayer en el homenaje que se le realizó en Linarejos derramaste alguna lágrima. Lo hicieron la inmensa mayoría de las más de 4.000 personas que ignoraron la abrasadora temperatura para dar el último adiós a su capitán. Pese a que el aplauso fue continuo no hubo palmas suficientes que expresasen el dolor y la pena que podía verse con echar un vistazo alrededor.

Y es que se fue un linarense, pero no uno más. Con Fran Carles la localidad perdió a un familiar, un amigo, un compañero, un vecino, el entrenador de sus niños (una foto de ellos lo acompañó en el féretro), al capitán de su equipo de fútbol y, sobre todo, a una gran persona. Los cánticos acompañaron a sus excompañeros mientras estos llevaban a hombros el ataúd de un futbolista que dio así un último paseo sobre ese tapete en el que derrochó garra, coraje, calidad y fútbol en general.

“Eterno capitán minero” pudo leerse, a la luz de la bengalas, en el fondo en el que suelen ubicarse los seguidores más ruidosos del Linares Deportivo. Fueron estos los que depositaron sobre la caja del difunto una bufanda y lo acompañaron con cánticos en su salida de un estadio al que, por maldita desgracia, no volverá.

La iglesia de Santa María la Mayor se quedó pequeña y, pese a lo abarrotado del edificio, fue el silencio tan respetuoso, tan impactante, que solo lo rompieron los sollozos de una familia inconsolable que sigue sin entender cómo ha podido ocurrir algo así. Se coreó a la salida del templo el nombre de Fran Carles por última vez y este, con la camiseta de su Linares puesta, se marchó para comenzar su eterno reposo.